Carbono: mal sin él, peor con él?

No es el día de los enamorados pero a veces es interesante mirar esta relación amor-odio que tenemos con nuestro amigo carbono.
Para empezar el tan vilipendiado elemento es cerca del 18-20% de nuestra masa corporal. Esto viene a ser unos quince kilos aproximadamente para una persona de 70 kilos (las que cada día son más escasas por cierto) y representa unos 8.03 x 1026 átomos lo que viene a ser el 12% de todos nuestros átomos.
El carbono es la base de nuestra anatomía y fisiología. No hay practicamente ninguna ruta metabólica que no tengo un átomo de carbono involucrado. Nuestros tejidos están basados y se generan gracias a procesos en los cuales hay billones de átomos de carbono involucrados. Nuestra piel, huesos, cabello, sentidos y hasta pensamientos están basados en la utilización eficiente de los átomos de carbono. Esta fue una temprana decisión en la forma que tomaría la vida en nuestro pequeño planeta y se especula todavía si es posible que otras formas de vida en el universo no debieran estar también basadas en carbono.
Pero así como permitió la vida, el carbono liberado por el metabolismo de la vida sobre el planeta, ya sea que se consuma en un incendio forestal o a través de la quema de combustible fósil (una antigua forma de vida que capturó carbono en algún momento gracias a la fotosíntesis), probablemente acabará con las condiciones que permitieron su expansión por todo el globo. Las más recientes estadísticas (http://co2now.org/index.php?option=com_content&task=view&id=190&Itemid=1) no son nada optimistas y aunque nuestra civilización empieza a dar muestras de preocupación y cierto grado de compromiso (http://uk.mobile.reuters.com/mobile/m/AnyArticle/p.rdt?URL=http://uk.reuters.com/article/idUKLDE61M1XT), es poco probable que lleguemos a tiempo a la cita.
Con optimismo, como siempre
JC

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